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sábado, 23 de abril de 2011

Restaurante Eguiluz

Puntuacion: 5/5
Fecha: 22 Abril
Lugar: Calle del Perro, Casco Viejo de Bilbao.
Precio: 22€ por persona aprox.

Viernes Santo, no se debe comer carne. Bien, pues vais a ver.
Esta Semana Santa ya que no hemos salido de viaje porque la semana de pascua ya me va a tocar volver a mi querida Alemania, no estamos dando una serie de homenajes bien merecidos.

Y esta vez para fomentar el turismo en Bilbao y que en Semana Santa abran los restaurantes (es una autentica pena ver gente en Bilbao y ver calles míticas vacías porque a algunos dueños de locales no les apetece abrir, tanta crisis no habrá señores) pues decidimos ir al Casco Viejo bilbaíno más vivo que nunca. Mucha gente, muchos locales abiertos, una gozada verlo así de bien.

Nos decantamos por el Restaurante Eguiluz, el típico bar familiar con restaurante en el piso superior, con una atención amable y casera y una comida excelente. Aquí tomé mi primer chuletón servido sobre brasas hace ya unos años, kilo-doscientos de pura carne.
Entramos y preguntamos si tenían mesa, y subimos al piso de arriba. La guapa camarera de contorneados ojos y un tímido tatuaje nos dió las cartas y nos dijo qué tenían de especial para hoy. Me miró como "estos son de fuera" al ver la bolsa de la cámara de fotos y al decir perretxikos añadió la coletilla de que son setas. También sé lo que es el begihaundi y esto no me lo explicó.
Bueno, elegimos un menú de paella y solomillo de buey para mi y ensalada mixta y chuleta de ternera para mi acompañante. A esto venía lo del Viernes Santo.
La paella y la ensalada caseras y perfectas, en su punto. Estábamos sentados al lado de la cocina y vimos cómo ponían el solomillo en la plancha. A ver si aprenden el resto de restaurantes lo que es un maldito solomillo! Esto es un solomillo, esto! Un grosor del que el buey del que salió se sentiría orgulloso, un tamaño de carne sin igual, un So-lo-mi-llo, no una mierda de papel de fumar para el cual no necesito ni cuchillo. 
La camerera de los ojitos tuvo que venir y cambiarnos de cuchillo y ponernos uno de sierra porque pensaba que nos estábamos dejando los dedos, a pesar de que el solomillo estaba tan jugoso que sólo había que pedirle por favor que se dejara cortar. Ni una gota de grasa en la carne, en su punto y sin pedirla si quiera. Aquí te ven la cara y saben cómo te gusta la carne. Además, en el menú, sólo ponía Solomillo de buey y luego de sorpresa te ponen patatas fritas y pimientos rojos.

Después de disfrutar comiéndome un buen pedazo de buey en Viernes Santo pedimos el postre, la típica tarrina helada de nata con sirope de chocolate.

Lugar de visita obligada en el Casco Viejo.